miércoles, febrero 28, 2007

Ecos, entrada 2

Cobijo

Minutos más tarde Ávalan, completamente cubierto de polvo, avanzaba cojeando y tosiendo por un pasillo mugriento. Le seguía de cerca Nylonathathep alzando una lámpara de aceite, en un estado no mucho mejor que el del propio explorador. Los gritos de la discusión resonaban en las viejas paredes de madera del pasillo y parecían repetirse en los rincones más lejanos de la casa vacía, pero en ese momento ambos estaban demasiado irritados como para preocuparse por trivialidades como la posibilidad de verse rodeados de fantasmas.

-¡¿…y no se te ha ocurrido nada mejor que abrir de golpe?!- gritaba Ávalan entre tosidos.

-¡¿Y que esperabas que hiciera?! ¡¿Qué asomara la pata por debajo de la puerta?! ¡Culpa tuya por no haber querido escuchar lo que quería decirte sobre la ventana en la esquina!

-¡Si hubieras insistido mínimamente te habría escuchado! ¡Además eso no quita que abrieras la puerta de golpe!

-¡¿Cómo iba a suponer que se te ocurriría actuar como si fueses un arma de asedio?! ¡Tienes suerte de que abriera la puerta cuando lo hice! ¡Un impacto como ese contra una puerta de roble macizo te habría costado más de un hueso roto!

-¡Imagino que creerás que es mejor impactar contra una mesilla de mármol, como la que había justo enfrente de la entrada! ¡Me he destrozado la tibia contra esa puta cosa!

-¡Claro hombre! ¿Y qué me dices del portazo en las narices que me has propinado al embestir la puerta de esa manera?

Finalmente los ánimos se fueron calmando y el lúgubre tono de la casa se impuso al mal humor. Pronto los dos aventureros avanzaban por el pasillo sumidos en un completo silencio, interrumpido solo por sus pasos sobre el polvoriento suelo enmoquetado y la fuerte lluvia que caía en el exterior. La penumbra era tan intensa que, incluso en esa oscura noche, parecía filtrarse luz a través de las ventanas llenas de mugre y cubiertas con tablones, aunque definirlo como luz sería ser generoso… Más bien se trataba de una oscuridad más ligera. Pasaron lentamente por delante de incontables puertas cerradas o bloqueadas y doblaron dos esquinas antes de llegar al final del pasillo, que terminaba en una puerta doble de color rojizo que parecía conservarse en bastante buen estado en comparación con el resto de la casa. Ávalan fue el primero en romper el silencio.

-Hemos comprobado todas las puertas. Si ésta también está cerrada tendremos que volver a la entrada y probar otro pasillo…

-Siempre puedes volver a sacar el escudo- le pinchó el mago, pero hizo caso omiso y alargó la mano hacia el picaporte…

La puerta se abrió con un chirrido de bisagras menos imponente del que se espera de una casa abandonada, descubriendo una estancia de la que, por el momento, solo se podía decir que no era un pasillo, ya que la oscuridad era tal que no podían ver más allá de unos palmos de la puerta.

-¡Al cuerno!- bramó Nylonathathep- Ni de coña me meto yo ahí dentro con esta lámpara de mierda.- dicho esto extendió la mano derecha y murmuró algo por lo bajo, haciendo aparecer una pequeña y brillante esfera de luz que flotaba unos centímetros por encima de su mano. Con un suave movimiento lanzó la esfera al centro de la nueva habitación, donde se detuvo levitando a un par de metros del suelo.

La luz de la esfera bañó entonces la sala, revelando un salón que otrora había sido lujoso y acogedor, pero que con el tiempo había perdido aquél resplandor de antaño, dejando paso a una densa mugre que cubría algunas paredes y a unas marcadas grietas en el techo. La pared opuesta a la puerta tenía una chimenea, sobre la que colgaba el cuadro de un hombre bigotudo, y ante ella, rodeando una mesilla, había tres sillones y dos sofás que en otra época habían sido de un intenso color rojo, todo encima de una alfombra arruinada que cubría el suelo de madera.

-Vamos- dijo el mago.

-¿Eh?- contestó Ávalan.

-No te quedes aquí parado. Enciende las lámparas de las paredes que aún tengan aceite… o rellénalas con el nuestro, da igual. La Esfera Luminescente de Gorblech es un hechizo muy básico y sólo durará unos minutos. Mejor tener una fuente de luz convencional preparada, porque no pienso pasarme la noche entera renovando el conjuro.

Para cuando la esfera se consumió ya habían encendido buena parte de las lámparas de aceite, gastando hasta la última gota de la lata que traían para las suyas propias. El resultado fue satisfactorio, ya que la sala quedó bastante bien iluminada e incluso parecía vagamente acogedora tras la larga caminata bajo la lluvia.

-Bueno- dijo Ávalan- creo que con esa leña seca podríamos encender un fuego.

-¿En esa chimenea?- dijo el mago, dudoso- No se si es muy buena idea… si estuviera taponada no seria muy divertido.

-La vida es riesgo-contestó Ávalan, y se dispuso a encender el fuego.

El hogar resultó no estar taponado y el explorador consiguió encender un alegre y chisporroteante fuego que daba vida a la habitación. Se sacudió el polvo de las manos y se giró, encontrándose con que su compañero observaba pensativo uno de los sillones.

-¿Qué miras?-preguntó.

-Hmmm…- contestó el mago, y seguidamente trazó un complicado símbolo en el aire y murmuró unas siniestras palabras. Tras esto el sillón brilló con una luz púrpura y vibró ligeramente.

Ávalan enarcó una ceja, mirando a su amigo como si se hubiera vuelto completamente loco.

-¿Acabas de lanzarle un conjuro de muerte a una pieza de mobiliario?- preguntó incrédulo.

-Sí.- le contestó el mago con toda naturalidad.

Ávalan estalló en carcajadas.

-¿Algún problema?- preguntó irritado el mago.

-¿Por qué?- consiguió preguntar Ávalan entre risas- ¿Tienes miedo de que de asfixie con los cojines?

El mago no dijo nada y se sentó en el sillón con el ceño fruncido. Ávalan escogió un sofá al lado del asiento de su amigo y se tumbó todavía riendo, levantando con ello una nube de polvo.

-Lanzar un conjuro de muerte menor sobre un viejo sillón- se burló- ¿Se puede saber en qué estabas pensaaaaAAARGHHH!!!!!- se interrumpió con un aullido a la vez que saltaba de su asiento, sacudiéndose de encima frenéticamente arañas, cucarachas y otros insectos que habían surgido del sofá en cuanto se tumbó.

-En eso, precisamente- señaló el mago, sonriendo de forma malévola.

Unos minutos más tarde Ávalan consiguió purgar su sofá con el método menos carismático de propinarle patadas hasta que todos los insectos acobardados huyeron despavoridos al interrumpirse de forma tan brusca su pacífica vida.

-Ya podías haberle lanzado otro de tus conjuros- le gruñó al mago, que estaba repanchingado en su sillón.

-No. Mejor no utilizar este conjuro demasiadas veces.-dijo éste con un bostezo mal contenido.

-Me parece a mí que lo que pasa es que eres un vago de cojones…

-Eso es porque no entiendes de magia- replicó el mago, acomodándose aún más y estirando los pies hacia el fuego.

Ávalan prefirió morderse la lengua, ya que él también estaba cansado, y se dispuso a tumbarse en el sofá, pero en el último momento se lo pensó mejor y extendió una manta del equipaje sobre él. Se tumbó luego lentamente, preparándose en caso de que se produjera una nueva marabunta, pero por suerte no sucedió nada y pudo acomodarse del todo. Se relajó, dándose cuenta entonces de lo cansado que estaba después de esa ultima tarde deambulando por el bosque y los recientes acontecimientos.

-¿No deberíamos montar guardia?- preguntó, muy a desgana.

-Hmmm… Supongo que podría hacer algo para ahorrarnos la faena…

-¿Quieres decir… como un glifo custodio o algo así?-preguntó el explorador, viéndose vencido por el sueño.

-Sí…- oyó decir a su amigo mientras le oía levantarse- Algo así…

Lo último que oyó antes de sumirse en el sueño fueron los murmullos del mago.

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2 Comments:

Blogger iron-fix said...

m'agrada la història, té ganxo! :D vinga segueix així

11:35 p. m.  
Blogger Lupin_3rd said...

mola ! es divertida, creo q deberias decidirte ha hacer algo largo, ya se q es complicado, pero creo q seria genial

11:02 a. m.  

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